lunes, 17 de febrero de 2014

Tres lecciones que no pueden faltar en la educación de los hijos

Tres lecciones que no pueden faltar en la educación de los hijos
fuente: La familia.info

En general, lo que todo padre busca es que sus hijos sean hombres y mujeres con calidad humana, personas íntegras, que hagan el bien; tanto a ellos mismos, como a la sociedad. A nuestro criterio, para lograr dicho objetivo, se necesitan tres enseñanzas principales, que necesariamente deberán ir acompañadas de muchas otras; sin embargo, este artículo pretende dar “señales” que servirán a los padres de guía para tomar el camino correcto en la educación.


Primera enseñanza: Educar la voluntad
 Es la base de la autodisciplina y la autorregulación, en primer grado; la obediencia, la reciedumbre, el esfuerzo y otras, en segundo grado. La voluntad combate la pereza, la negligencia y la flojera; por eso es un eficaz antídoto contra los vicios.

Gracias a la voluntad, el ser humano asume el control de sí mismo, pues desarrolla la capacidad para postergar deseos y para afrontar con una actitud acertada las situaciones que se salen de la zona de confort.

Otra gran maravilla de la educación de la voluntad, radica en que los padres evitan caer en una conducta sobre protectora que tanto daño hace en los hijos -inmadurez, inseguridad, dependencia, debilidad, nerviosismo, timidez, poca tolerancia al fracaso, escasa capacidad de adaptación-.

Es pues la voluntad, un elemento fundamental en el proyecto educativo de los hijos, el cual debe comenzar en los primeros años de vida, desde que los padres no ceden al llanto de su pequeño ante un capricho y más adelante cuando deben cumplir sus deberes escolares, organizar su habitación, etc.

Pautas a seguir:

Dosificar los regalos.
Exigirles de acuerdo a la edad.
No permitir que dejen las cosas sin concluir.
No hacerles las cosas que ellos mismos están en capacidad de realizar.
Realizar actividades que supongan esfuerzo y perseverancia.
Invitarlos a que se tracen proyectos a mediano y largo plazo.
En adolescentes y jóvenes, dejarlos asumir responsabilidades.
Darles las herramientas para superar los obstáculos, no hacer las cosas por ellos.
Dejarles que tomen cierto tipo de decisiones, les ayuda a formar su criterio.
Segunda enseñanza: Valorar a los otros, tanto como a sí mismos

Dos conceptos que deben ir de la mano: auto-estima y estima por los demás. Estimar a los demás es salir del egocentrismo, egoísmo y todo lo que parte del “ego”, para así valorar y darse a los demás. Esta enseñanza cobija los valores fundamentales de la interacción social: empatía, generosidad, comprensión, prudencia, respeto, amabilidad, honestidad, servicio, solidaridad y tolerancia.

Ahora, para tener una buena relación con los demás, hay que tener una buena relación consigo mismo. La autoestima brinda seguridad, firmeza, positivismo y determinación. Además, proporciona la capacidad de resolver problemas graves porque se afrontan con optimismo, lo que certifica una mayor tolerancia al fracaso.

Tercera enseñanza: Ser buenos y hacer el bien
 Reúne las dos enseñanzas anteriores. La rectitud sólo se logra si se ha educado la voluntad, igualmente si se tiene estima por uno mismo y por los demás.

El valor que mejor representa la rectitud es la bondad, la cual se define como: "Inclinación natural a hacer el bien. Desea y practica el bien con las personas, como resultado de poseer un corazón limpio y lleno de amor. Dulzura, suavidad y amabilidad de carácter.” *Definiciones de valores por Regino Navarro Ribera.

"Este valor se vive este cuando en las palabras e intenciones hay amor, cuando no se guardan resentimientos ni deseos de venganza, cuando no se queja de lo que le falta, sino que agradece cada cosa que Dios le da y acepta a quienes son diferentes. Y no se vive cuando… Se siente envidia por los logros de los demás, se es ajeno a las necesidades del otro, cuando se es poco comprensivo, y finalmente cuando primero estoy yo que el otro." *Valores en práctica por Regino Navarro Ribera.

Las anteriores enseñanzas deberán ir acompañadas de tiempo, dedicación, autoridad asertiva y por supuesto mucho amor. El éxito de las anteriores, sólo se logra si se ha creado un lazo paternal de confianza y cercanía. Se necesita tiempo para dialogar con los hijos, conectarse con ellos y poder conocerlos a fondo. Todo esto es fundamental para lograr los objetivos educativos para los hijos.


“El porvenir de un hombre no está en las estrellas, sino en su voluntad y en el dominio de sí mismo”  William Shakespeare

lunes, 20 de enero de 2014

La familia educa y el colegio la apoya

La familia educa y el colegio la apoya

La familia.info
Frente a la formación humana de los hijos, ¿qué debe hacer el colegio y qué debe hacer la familia? La respuesta correcta sería: la familia hace todo y el colegio la acompaña en el proceso educativo de los hijos. Delegar la función paterna, es un error.

Las quejas más frecuentes de los profesores se centran en que los padres delegan de forma excesiva la educación de sus hijos en el colegio, sostienen que les falta autoridad y vínculos afectivos con sus hijos, e incluso piensan que algunos progenitores se muestran un tanto despreocupados.

Asumir la responsabilidad de ser padres
Si bien es importante elegir un colegio que comparta los valores y el pensamiento de la familia, no quiere decir que la tarea de educar a los hijos sea del colegio. La escuela apoya la labor de los padres e incluso la puede reforzar, pero nunca suplantar.
“La educación en su sentido más amplio se recibe en casa y es responsabilidad de los padres. Aún cuando el sistema educativo sea el óptimo para la formación académica del niño, al colegio no se le puede pedir más de lo que pueda dar. Las formas de analizar el mundo y comportarse, las normas de convivencia, urbanidad y buenos modales, los valores morales y los principios básicos como persona, sólo pueden aportarlos los padres” Explica el Dr. Francisco Kovacs en un artículo de Sontushijos.org.

Asimismo, Leopoldo Abadía, autor del libro ‘36 cosas que hay que hacer para que una familia funcione bien’, coincide con esta idea del Dr. Kovacs y dice textualmente: “La educación comienza en casa. Los colegios son meros colaboradores en la tarea educativa de los padres”.
Por eso es incorrecto lanzar culpas a las escuelas por los comportamientos inadecuados de los hijos, pues la batuta la llevan los progenitores. Asumir su responsabilidad, también significa reconocer omisiones y equivocaciones.

Familia y colegio: un buen matrimonio
Está demostrado que un trabajo conjunto entre la familia y la escuela, beneficia a los hijos, tanto en su rendimiento académico como personal. La docente y psicóloga especialista en educación, Neva Milicic, explica que esta buena relación se traduce en beneficios para los hijos: “Pareciera que cuando padres y profesores logran una comunicación fluida y valorarse mutuamente, se alcanzan mayores niveles de cercanía afectiva y de apego de todos al sistema escolar y ambos se validan como autoridad. Cuando sucede a la inversa, los conflictos pueden constituir una verdadera pesadilla, donde si bien el más perjudicado es el alumno, se genera una fuente de tensión y malestar también para padres y profesores.”

Es necesario además, que los padres hagan respetar la autoridad de los profesores y valoren la educación escolar; las críticas adversas delante de los hijos, no logra sino desmotivarlos y alimentarles una idea negativa del plantel educativo.

“La educación de los niños es una tarea compartida entre padres y profesores. Mientras más respetuosa y cercana sea la relación entre ambos, más positiva será su incidencia en el aprendizaje y en el desarrollo de los niños.” Neva Milicic.

domingo, 19 de enero de 2014

¿Qué estamos haciendo mal en la educación de nuestros hijos?

¿Qué estamos haciendo mal en la educación de nuestros hijos?
Christine Gross-Loh - The Huffington Post, 16 de enero 2014. 

¿Qué pensaría de una mamá primeriza que ofrece a su pequeño un extenso surtido de snacks saludables salidos de una bandeja de cubitos de hielo? ¿Y de otra madre coraje que interviene en el juego de sus hijos al menor signo de discordia? En ambos casos, era yo la mamá que actuaba. Existen ciertas verdades evidentes en lo que a ser buenos padres se refiere. Nuestro trabajo es mantener seguros a nuestros hijos, permitirles desarrollar su potencial y hacer lo posible por que estén sanos y felices.

La madre que solía ser y la que soy ahora tienen el mismo objetivo: criar a unos niños con confianza y seguridad en sí mismos, y con éxito. Pero, después de doce años como madre, de los cuales cinco yendo y viniendo de Japón, dos como investigadora, viajando por Europa y Asia y dando decenas de entrevistas con psicólogos, expertos en el desarrollo del niño, sociólogos, educadores, administradores y padres en Japón, Corea, China, Finlandia, Alemania, Suecia, Francia, España, Brasil y algún país más, he aprendido que aunque los padres de todo el mundo tengamos los mismos objetivos, los estadounidenses como yo (a pesar de mostrar nuestras mejores intenciones) estamos haciendo mal las cosas.

¿Por qué?Imagínate mi sorpresa cuando llegué a un jardín de infancia en mitad de un bosque alemán y me encontré a un niño tallando una rama con una navaja. Su maestro Wolfgang, intentando tranquilizarme, me aseguró que nunca nadie se había quedado sin dedo.
Del mismo modo, Brittany, una madre estadounidense, se sorprendió cuando se mudó a Suecia y descubrió que niños de tres y cuatro años, sin la supervisión de un adulto, iban solos en bici y escalaban tejados y árboles. La primera vez que vio a un niño de preescolar subido a un árbol, fue corriendo a buscar a su maestra. Luego vio cómo un padre se paraba tranquilamente a hablar con el niño como si no pasara nada, y entonces se dio cuenta de que era la única a la que le preocupaba eso.
“Me considero una madre de mentalidad abierta”, me comentó, “pero en ese momento deseaba decirle al niño que bajara del árbol”.
Por qué es mejor así: Ellen Hansen Sandseter, una investigadora noruega de la Universidad Queen Maud, descubrió que el hecho de dejar que los niños corran algún riesgo en realidad los mantiene más seguros, haciendo que sean conscientes de sus capacidades. Los niños temen las mismas cosas que sus padres: las alturas, el agua, la lejanía, los utensilios afilados y peligrosos. Nuestro instinto es mantenerlos seguros alejándolos de todo. Sin embargo, “la mejor protección que podéis ofrecer a un niño es dejar que corra riesgos”, explica Sandseter.

Y aquí están los datos que apoyan esta afirmación: Suecia, donde los niños reciben una amplia libertad para explorar (y al mismo tiempo cuentan con unas leyes comprensivas que protegen sus derechos y su seguridad), tiene la menor tasa de lesiones en niños del mundo.
Los niños pueden pasar hambre de vez en cuando
En Corea, como en la mayoría de culturas, se enseña a los niños que comer es un elemento vital, que es importante aguantarse hasta que llegue la familia al completo para sentarse a la mesa a comer. Los coreanos piensan que no es saludable picotear o comer solo, y además no suelen excusar el mal comportamiento de los niños (como yo tiendo a hacer) echándole la culpa a una bajada de azúcar. En lugar de esto, a los niños se les enseña que la comida debe disfrutarse en compañía. Todos los niños comen lo mismo que sus padres. Y esa es la explicación por la que los restaurantes étnicos no tienen menús de niños. ¿Cuál es el resultado? Los niños coreanos comen estupendamente. Se sientan a la mesa y comen verduras de todo tipo, pescado, carnes asadas, repollo con especias, cereales y sopas.

Por qué es mejor así: a diferencia de la tendencia creciente de los niveles de sobrepeso y obesidad en Estados Unidos, los surcoreanos disfrutan de la menor tasa de obesidad del mundo desarrollado. Y de cerca le sigue Japón, donde los padres se toman de la misma manera la cuestión de la alimentación.

Los franceses, y otras muchas culturas, creen que al dejar que un niño de vez en cuando sienta frustración se le está dando la oportunidad de practicar el arte de la espera y de desarrollar el autocontrol. Gilles, un francés padre de dos muchachos, me contó que frustrar a los niños es bueno para ellos porque les enseña, además del valor de las recompensas, a no estar siempre pidiendo (o peor, exigiendo) que se satisfagan sus necesidades al instante.

Por qué es mejor así: algunos estudios demuestran que los niños con autocontrol y con capacidad para esperar una recompensa son más exitosos en el futuro. Todos sabemos que los niños que no se creen el centro del universo son un encanto. Alice Sedar, antigua periodista de Le Figaro y profesora de Cultura Francesa en la Universidad Northeastern, está de acuerdo. “Hay que aprender a vivir en grupo”, afirma, y este es uno de los valores que los franceses inculcan a los niños.

Los niños deberían pasar menos tiempo en la escuela
Los niños finlandeses salen a jugar frecuentemente cada día. “¿Cómo puedes enseñar bien si los niños salen al patio cada 45 minutos?”, preguntó con curiosidad una alumna del Programa Fullbright de intercambio en Finlandia, sorprendida de que los niños pasaran tan poco tiempo en la escuela. Del mismo modo, el profesor se asombró por la pregunta, a la que contestó: “¡Simplemente, no podría enseñarles si no salieran cada 45 minutos!”.
Según el modelo finlandés , los niños comienzan tarde la escuela (a partir de los siete años), tienen varios recreos a lo largo del día, menos horas lectivas y más variedad de clases que en Estados Unidos. La igualdad, y no la competitividad, es el principio básico del sistema de educación en Finlandia.
Mientras que los estadounidenses defendemos una temprana intervención, menos descansos, más enseñanzas teóricas y menos financiación para asignaturas como educación plástica y música, los educadores finlandeses enfatizan que es fundamental aprender arte, música, economía doméstica y habilidades sociales.
Por qué es mejor así: los niños estadounidenses ocupan puestos intermedios (sobre todo en ciencias y matemáticas) de las listas internacionales que evalúan el rendimiento académico en la escuela. Los finlandeses, con sus horarios reducidos, suelen estar entre los mejores de la clasificación.
Deberías mimar al bebé
Tomo, un niño de diez años que vivía en nuestro barrio en Japón, era sorprendentemente independiente. Iba andando solo hasta el colegio desde que tenía seis años, al igual que los demás japoneses de su edad. Tenía mucho cuidado con sus objetos cuando venía a visitarnos, colocaba sus zapatos justo después de quitárselos, e incluso enseñó a mi hijo cómo coger el autobús urbano. Tomo era tan servicial y responsable que cuando venía a casa a cenar, se ofrecía a traer los ingredientes que yo necesitaba, y me ayudaba a preparar la ensalada y los fideos. Con todo, cada noche que este niño competente e independiente volvía a casa, se daba un baño y se iba a dormir con su tía, con la que vivía.
En Japón, donde resulta normal dormir con los bebés, la gente no puede creerse que haya países donde los padres dejan que el recién nacido duerma en una habitación separada. Los japoneses, por el contrario, pueden atender inmediatamente a sus bebés y los tienen en brazos constantemente.
Aunque pensemos que esto es mimarlos, los japoneses creen que si sus pequeños tienen sus necesidades satisfechas y reciben un cariño incondicional, cuando se hacen mayores poseen una capacidad superior de independencia y autoconfianza.
Por qué es mejor así: Meret Keller, profesora de la Universidad de California en Irvine, confirma que existe una conexión muy peculiar entre la independencia del niño y el hecho de que duerma con sus padres. “Mucha gente habla de ‘independencia’ sin saber realmente lo que significa el concepto”, explica esta profesora.
Como deseamos con ansia que nuestros pequeños adquieran independencia, les metemos prisa y les obligamos a dormir solos cuanto antes. Sin embargo, la investigación llevada a cabo por Keller demuestra que dormir con tu hijo hace que este sea luego más independiente y confíe en sí mismo, y aprenda antes a vestirse solo o a resolver los problemas con sus compañeros por su cuenta.
Los niños necesitan sentirse obligados
En Estados Unidos pensamos que cuando los niños se hacen adolescentes, hay que dejarles libertad. Nuestra intención es ayudarles a hacerse un hueco en el mundo, por lo que no queremos cargarles con las responsabilidades familiares. En China, los padres hacen justo lo contrario: cuanto más mayor es el niño, más le recuerdan sus padres sus obligaciones. 
Eva Pomerantz, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, ha demostrado mediante numerosos estudios que en China, el ideal cultural por el que el niño toma conciencia de sus responsabilidades para con la familia y de las expectativas puestas en él es una manera de devolver en cierto modo lo que ha recibido, lo que contribuye a incrementar su motivación y sus logros.
Resulta incluso más sorprendente que ocurra exactamente lo mismo con los alumnos occidentales que estudian en los Estados Unidos: los adolescentes que se sienten responsables por su familia tienden a ser mejores en la escuela.

La lección que debemos aprender: si quieres contribuir a que tu hijo adolescente mejore en el colegio, recuérdale sus obligaciones.
Personalmente, yo ahora educo a mis hijos de forma diferente a como lo hacía antes. Sigo siendo una mamá estadounidense, sigo luchando con el picoteo diario de snacks, y a mis hijos les sigue quedando mucho por aprender en cuestión de paciencia. Pero por lo menos, mi hija Anna de tres años ya maneja el cuchillo para cortar manzanas, y yo ya no me pongo histérica si Mia, de seis años, se pone a escalar el haya del jardín. Además, confío en que mis hijos (Daniel, de diez, y Benjamin, de doce) aprendan tanto fuera de la escuela como dentro de ella.

lunes, 13 de enero de 2014

Consejos que toda madre debería dar a su hija

Consejos que toda madre debería dar a su hija  
La familia.info

A todos los padres les preocupa la educación sexual de sus hijos, pero pocos se ocupan de hacer algo al respecto. Ven peligros por todas partes, y a sus hijos e hijas en medio del torbellino, se echan las manos a la cabeza, y a veces se tapan los ojos para no ver lo que hay; no obstante, siguen sin hacer nada, ni siquiera se atreven a hablar sobre sexualidad y dejan que sean los amigos, el ambiente, la tele e Internet quienes eduquen a sus hijos en algo tan íntimo y personal.

Los padres deberíamos tomar ejemplo de la actriz británica Emma Thompson (foto), protagonista y guionista de la película Sentido y sensibilidad, madre de una adolescente de 13 años a la que ha dedicado un “manual de sexo” con el fin de contrarrestar las presiones a las que están sometidos los adolescente de nuestro tiempo.

Su idea ha servido de ejemplo a muchas madres, como a la escritora Annabel Cole, quien también tiene una hija adolescente, e inspirada por la idea de Emma Thompson, escribe un manual dirigido a su hija Elsa para decirle lo que toda madre debería explicar a su hija sobre sexo. He aquí algunas de sus recomendaciones:

Mantén en privado las cosas privadas. Está muy bien tener muchos contactos en las redes sociales, pero nunca compartas sentimientos íntimos ni tus propias experiencias. Guárdate para ti lo que es solo tuyo. Un error en este sentido puede perseguirte toda la vida.

El porno no es la vida real. Para quien no sabe qué es la sexualidad puede pensar que la pornografía se le parece en algo, pero no es así. Son actores que representan lo más alejado a la plena vida sexual. Los momentos más íntimos están muy lejos de tales escenarios artificiales.

La imagen no lo es todo. No dejes que la moda te esclavice, que tengas que pasarte media vida mirándote al espejo, depilándote, peinándote, maquillándote, haciendo dieta… como si tuvieras la obligación, impuesta por la publicidad y las revistas, de “estar mona”. Nada de eso te ayudará a menos que te sientas segura en tu interior.

Una cita no es un cuento de hadas. El cine nos ha llenado de romanticismo, pero la realidad puede ser muy distinta. Mejor abandona las fantasías y prepárate para los silencios incómodos, la torpeza y el nerviosismo. Eso es lo normal. No busques una cita para quedar bien delante de otras chicas el lunes por la mañana cuando llegues al instituto. Eso se llama presión de grupo.

No todos lo hacen. Siguiendo con la presión, he aquí la más fuerte: piensas que todos lo hacen, pero la experiencia nos dice que no es así. Es como si el ambiente quisiera meteros a los adolescentes prisa con esa cantinela de “tonto el último”, cuando la sexualidad es tan importante que vale la pena esperar. Annabel Cole recomienda a su hija: “Está bien esperar y está bien decir ‘no’”.


La oscarizada actriz y guionista Emma Thompson dice que sólo podemos ayudar a nuestras hijas escuchándolas, transmitiéndoles confianza y mostrándoles una actitud franca. Si de algo está necesitada en estos tiempos la educación sexual de nuestras hijas (y de nuestros hijos) es de sentido y sensibilidad. Algo que en el ambiente, en la tele, en las redes sociales, en Internet, brilla por su ausencia. Pongamos los padres lo que falta: un sentido a la sexualidad y hagámoslo con sensibilidad.

lunes, 9 de diciembre de 2013

¿Por qué no obedecen los hijos?

¿Por qué no obedecen los hijos?
La familia.info
La obediencia es a los hijos, como la autoridad es a los padres. Son dos elementos que se fusionan y depende el uno del otro. En palabras más sencillas: sin la autoridad de los padres no puede haber obediencia de los hijos.

“La ausencia de autoridad de los padres, es decir, la ausencia de normas, de límites, de acciones que deben ejecutar, desconcierta a los hijos. Les hace sufrir porque desconocen el camino a seguir. Cuando el niño sabe exactamente lo que se espera de él, conoce los límites y normas que debe cumplir, cuando se le exige acompañado de cariño, el niño se siente seguro, tiene referencias y nosotros por tanto estamos ejerciendo bien la autoridad”. Explica María Bilbao en su artículo de Sontushijos.org.

Ejercer la autoridad es enseñar valores a nuestros hijos, es ayudarles a madurar, es darles los cimientos para toda una vida futura, es formarlos en base al respeto, el amor y cumplimiento de las normas. Muy diferente al autoritarismo, el cual busca imponer sin importar el beneficio de los demás, pues lo hace para demostrar su poder.

Los padres que se dejan manipular por sus hijos
Una de las consecuencias que acarrea la ausencia de autoridad paterna, es la manipulación de los hijos. Lo cual es lógico, cuando los padres no tienen una postura firme sino que son como veleros que se van para donde sople el viento, los hijos toman el mando de control y los padres quedan relegados.

"Los hijos desde la cuna, inconscientemente, manipulan a los padres. Saben que si piden algo insistentemente, lo terminarán consiguiendo. Pero ahí no hay abuso ni mala fe, hay solamente la necesidad de cubrir una necesidad, que es la de la alimentación, la de la limpieza, la del dormir y la de que le alivien algún dolor que le aqueje. Los padres entienden perfectamente esta necesidad del hijo pequeño y con mucho gusto, se dejan manipular.

Pero a medida que los hijos se van haciendo mayores y llegan a la preadolescencia y a la adolescencia, empiezan las verdaderas manipulaciones, que posteriormente se convierten en abusos y hasta en agresiones, dependiendo de la calidad y cantidad, de los conceptos que les hayan sido permitidos, consentidos y acostumbrado. Es la manipulación, en las distintas fases de la vida de los hijos." Señala el autor Francisco Gras en micumbre.com

Así pues, vemos el papel protagónico que cumple la autoridad en la educación de los hijos, la cual debe iniciarse en el mismo momento en que el ser humano sale del vientre de la madre y culmina una vez los hijos se han ido del hogar a conformar su propia historia familiar.

Consejos para ejercer una autoridad asertiva
En la mayoría de los casos, cuando los hijos no obedecen, se debe a una autoridad mal ejercida o simplemente ausencia de autoridad. Las órdenes, normas y límites deben cumplir algunos requisitos básicos:

Normas claras, directas y puntuales: hay que manejar un lenguaje apto para la edad de cada hijo, de forma que ellos comprendan lo que deben hacer.

Pocas normas al mismo tiempo: para los más pequeños, es necesario impartir una o máximo dos órdenes a la vez. Algunas veces las mamás parecen recitando un poema de tantas exigencias que hacen en una sola frase. La capacidad de los niños, aún no permite digerir todas ellas juntas, por eso se debe enfocar las más importantes.

Establecer límites: horarios de estudio, de descanso y de entretenimiento. Por ejemplo: el tiempo para los videojuegos será de una hora después de hacer los deberes. Terminado ese periodo de tiempo, el juego debe terminar. En el caso de los adolescentes, los padres deben establecer una hora de llegada a casa y exigir su cumplimiento.

Tono de vos: no debe parecer rogando o pidiendo un favor, pero tampoco gritos o exclamaciones violentas. La clave es un tono que denote seguridad y firmeza por parte de los padres.

Contacto visual: siempre que quiera establecer una comunicación directa con sus hijos, mírelos a los ojos fijamente y acomódese a su estatura. De esta forma hay mayor incidencia y se establecen códigos directos que permiten una mejor conexión.

Coherencia de los padres: entre lo que se dice y lo que se hace. Los hijos están en permanente observación de sus padres y captan de inmediato cuando algo falla en ellos.

Cumplir lo que se dice: si amenaza con un castigo y no lo cumple, los hijos no lo seguirán respetando porque saben que sus padres tarde o temprano levantarán la penalidad. Si le dice a su hijo que no puede ver televisión, manténgase en su posición así se presenten lloriqueos y pataletas. Si se comete el error de levantar el castigo, el hijo sabrá que con esa actitud logrará desequilibrar al padre y quebrantar la promesa.

Un punto intermedio: ambos extremos, autoritarismo y permisividad, no son para nada recomendables. En el primero, se presentarán fatales consecuencias como anular la personalidad del hijo, se le dificultará tomar decisiones propias, se volverá una persona sumisa, sin autodominio ni determinación y peor todavía, sentirá temor de sus padres.

¿Hijos desobedientes?: Revisa tu autoridad
Como hemos mencionado, cuando los hijos no obedecen es porque algo está fallando en la autoridad de los padres, veamos por qué:

Las órdenes son confusas.
El no cumplimiento de las normas del hogar no llevan a ninguna consecuencia, entonces no tienen sentido su cumplimiento.
Es fácil quebrantar la norma, pues los padres son laxos y terminan cediendo.
Los padres han perdido toda su autoridad frente a los hijos, pues son estos últimos quienes disponen y deciden qué hacer.

Se han presentado situaciones difíciles en la familia (separación de los esposos, muerte cercana, enfermedades, etc.) que hacen bajar la guardia a la autoridad.

domingo, 1 de diciembre de 2013

“Educar en valores es la gran herencia que podemos dejar a nuestros hijos”

“Educar en valores es la gran herencia que podemos dejar a nuestros hijos”
Laura Peraita - ABC, 29 de noviembre 2013.
Pedro Núñez Morgades, presidente del Consejo Asesor de la Fundación Legálitas, asegura que no somos conscientes de la trascendencia de una buena educación.

¿Cree que las familias están lo suficientemente comprometidas con la protección de sus hijos en las redes sociales?
No somos conscientes de la trascendencia que la educación tiene para nuestros hijos. Para protegerles hay que transmitirles valores como la responsabilidad, el respeto, la empatía, la asertividad, saber decir que no al grupo, el esfuerzo... La educación en valores es la gran herencia que podemos dejar a nuestros hijos. No nos damos cuenta de que más vale prevenir que curar. Deberíamos educarles todos: padres, profesores y también abuelos, que hemos pasado de ser meros canguros a educadores. La educación es la clave y con ella nos ahorraríamos muchos disgustos.

Si es la clave, ¿por qué no se centran en estos valores los padres?
Nos encontramos en un momento históricamente nuevo porque las nuevas generaciones saben más que sus padres en temas como las nuevas tecnologías y no nos debe dar vergüenza decir a nuestros hijos “vamos a navegar juntos y enséñame lo que no sé”. De todas formas, todos insistimos en la necesidad de educar a nuestros hijos, pero creo que no lo hacemos con la suficiente contundencia. La teoría es muy fácil decirla, pero en muchas ocasiones hace falta que los padres refresquen ciertos conocimientos y, si lo que queremos es proteger a los menores de las redes sociales, primero hay que aprender, no su uso ni su práctica, más bien sus riesgos. Además, muchas veces los padres cierran los ojos a este respecto. Deben ponerse al día porque la gran mayoría piensa que es función de los educadores, que también, pero no hay que delegar en ellos toda la educación de nuestros hijos.

¿Es una buena opción acudir a las escuelas de padres?
Sí, efectivamente. Pero deben acudir los dos porque en el 90% de los casos las madres van solas. Desgraciadamente vivimos aún en un sistema matrialcal y los padres no comparten su parte de responsabilidad en la pareja como padres. Cuando llegan a casa dicen a su mujer ¿te ayudo? si ven, por ejemplo, que está bañado a los niños. ¿Cómo que te ayudo? No asumen que es su responsabilidad también. Yo no veo un avance elocuente en este asunto. Es una lástima que aún las mujeres se sienten responsables de todas las tareas y, si la familia fracasa, la mujer piensa que es por su culpa. Eso es tremendo.

¿Cómo cree que se puede cambiar este panorama?
Las mujeres deben plantarse ante la pareja. Deben decirle que no aceptan un ¿te ayudo? porque las tareas son igualmente comunes.


martes, 15 de octubre de 2013

LOS MIEDOS, COMO SUPERARLOS


LOS MIEDOS, COMO SUPERARLOS
Lafamilia. Info

Sentir temor de forma moderada es algo natural, sin embargo, cuando ese miedo se vuelve incontrolable y empieza a afectar a la persona más de lo normal, es cuando surge el verdadero conflicto.
El miedo es el sentimiento que surge como respuesta a un peligro o amenaza, real o imaginario. Es un mecanismo de defensa, es la expresión de nuestra dificultad para lograr la armonía entre lo que somos y lo que queremos ser.

¿Por qué surgen los miedos?
Numerosas investigaciones demuestran que el ser humano nace libre de miedos, pues él los aprende a lo largo de la vida. ¿Y de qué o quién los aprende? Del entorno en donde se desarrolla la persona, de los padres, demás familiares, de la educación, y de la sociedad en general. Por ende, la educación cumple un papel determinante en la transmisión y/o percepción de los medios, pues como vemos, algunos de éstos son transmitidos.
Sin embargo, hay varios orígenes de los miedos. Otros por ejemplo, surgen a partir de situaciones traumáticas, trastornos, vivencias pasadas, las cuales dejan secuelas en la vida de las personas provocando inseguridad, falta de confianza en sí mismo y baja autoestima.
En última instancia, existen otros miedos propios del carácter y la personalidad, que están arraigados a la forma de ser.

Tipos de miedos
No todos los miedos son iguales, hay varios tipos y de acuerdo con eso, diferentes tratamientos:
Miedo y ansiedad: existe una diferencia entre el miedo y la ansiedad. 
El primero se refiere a sentimientos de temor sobre peligros de carácter tangible del mundo exterior, mientras que la segunda se relaciona con sentimientos de temor difíciles de vincular a fuentes tangibles de estimulación; sus orígenes son inciertos. 
La ansiedad se siente siempre y cuando las respuestas producidas ante una señal de peligro sean ineficaces, y se mezcla a menudo con el miedo. A la ansiedad se le ha llegado a llamar "miedo sin objeto".
Los agudos: son provocados por estímulos o situaciones tangibles y que se disipan con facilidad cuando se retira o evita el estímulo que los ha originado. Por ejemplo, miedo a algún animal, a las alturas, al odontólogo.
Los neuróticos: son los que bloquean nuestras capacidades. Estos miedos neuróticos nos paralizan y nos impiden dar la respuesta adecuada para superarlos. Son miedos internos, propios.
Los crónicos o fobias: son más complejos y pueden estar o no ligados a un origen tangible que los provoque. Las fobias son miedos desproporcionados que requieren ser tratadas por un profesional especialista en el tema.

Miedos más frecuentes:
Son muchos, sin embargo, analizaremos los cuatro más relevantes:
◦Miedo al rechazo social: es el temor a no sentirnos aceptados y amados por los que nos rodean por el hecho de mostrarnos ante ellos como seres limitados y con frecuencia incongruentes.
Este miedo viene principalmente de: situaciones pasadas de la infancia, cuando fuimos rechazados y humillados; la angustia existencial que vivimos todas las personas en algún momento; el temor a ser rechazados en el futuro y el temor a no dar la talla de los que los demás esperan de nosotros.
◦Miedo al cambio: miedos a los cambios producidos en nosotros, en las personas que nos rodean o a las áreas que más nos afectan, como el trabajo, la familia, etc. Tenemos miedo a presentarnos ante los demás como somos, con nuestros aciertos y fracasos. Miedo a que los demás no se adapten a nuestra forma de ser.
◦Miedo a la soledad: es uno de los miedos más universales. Muchas veces nos refugiamos en el primero que llega para escapar de nuestra soledad, cayendo así en una relación de apego y no de amor.
◦Miedo al mal, al sufrimiento y a las pérdidas: guerras, violencia, terrorismo, hambre, catástrofes naturales, desempleo, muerte, carencia de salud, conflictos…

¿Cómo superar el miedo?
Hay que ir poco a poco, para superar el miedo se necesita un proceso que requiere voluntad y firmeza. Algunos psicólogos aseguran que la mejor manera de superar los miedos es irse exponiendo a ellos poco a poco. Sin embargo, antes de hacer esta exposición, deberá seguir las siguientes indicaciones:
Para empezar a trabajar el miedo, lo primero que debe hacer es reconocer y aceptar que tiene miedo. Aunque suene fácil, es este primer paso el que obstaculiza su superación.

Segundo, deberá auto-examinarse para identificar a qué le teme, encontrar la causa. Una vez identificada, determine qué puede hacer, cambiar o eliminar en su vida para afrontar ese miedo.
También, tendrá que fortalecer varios aspectos de la personalidad que en varias ocasiones son las que impiden el destierro del miedo como, la auto-estima, la seguridad y confianza en sí mismo. Es importante además que la persona esté en plena disposición de cambiar esa atadura que le provoca el miedo, que se convenza de que es capaz y se fortalezca espiritualmente para lograrlo.