lunes, 9 de diciembre de 2013

¿Por qué no obedecen los hijos?

¿Por qué no obedecen los hijos?
La familia.info
La obediencia es a los hijos, como la autoridad es a los padres. Son dos elementos que se fusionan y depende el uno del otro. En palabras más sencillas: sin la autoridad de los padres no puede haber obediencia de los hijos.

“La ausencia de autoridad de los padres, es decir, la ausencia de normas, de límites, de acciones que deben ejecutar, desconcierta a los hijos. Les hace sufrir porque desconocen el camino a seguir. Cuando el niño sabe exactamente lo que se espera de él, conoce los límites y normas que debe cumplir, cuando se le exige acompañado de cariño, el niño se siente seguro, tiene referencias y nosotros por tanto estamos ejerciendo bien la autoridad”. Explica María Bilbao en su artículo de Sontushijos.org.

Ejercer la autoridad es enseñar valores a nuestros hijos, es ayudarles a madurar, es darles los cimientos para toda una vida futura, es formarlos en base al respeto, el amor y cumplimiento de las normas. Muy diferente al autoritarismo, el cual busca imponer sin importar el beneficio de los demás, pues lo hace para demostrar su poder.

Los padres que se dejan manipular por sus hijos
Una de las consecuencias que acarrea la ausencia de autoridad paterna, es la manipulación de los hijos. Lo cual es lógico, cuando los padres no tienen una postura firme sino que son como veleros que se van para donde sople el viento, los hijos toman el mando de control y los padres quedan relegados.

"Los hijos desde la cuna, inconscientemente, manipulan a los padres. Saben que si piden algo insistentemente, lo terminarán consiguiendo. Pero ahí no hay abuso ni mala fe, hay solamente la necesidad de cubrir una necesidad, que es la de la alimentación, la de la limpieza, la del dormir y la de que le alivien algún dolor que le aqueje. Los padres entienden perfectamente esta necesidad del hijo pequeño y con mucho gusto, se dejan manipular.

Pero a medida que los hijos se van haciendo mayores y llegan a la preadolescencia y a la adolescencia, empiezan las verdaderas manipulaciones, que posteriormente se convierten en abusos y hasta en agresiones, dependiendo de la calidad y cantidad, de los conceptos que les hayan sido permitidos, consentidos y acostumbrado. Es la manipulación, en las distintas fases de la vida de los hijos." Señala el autor Francisco Gras en micumbre.com

Así pues, vemos el papel protagónico que cumple la autoridad en la educación de los hijos, la cual debe iniciarse en el mismo momento en que el ser humano sale del vientre de la madre y culmina una vez los hijos se han ido del hogar a conformar su propia historia familiar.

Consejos para ejercer una autoridad asertiva
En la mayoría de los casos, cuando los hijos no obedecen, se debe a una autoridad mal ejercida o simplemente ausencia de autoridad. Las órdenes, normas y límites deben cumplir algunos requisitos básicos:

Normas claras, directas y puntuales: hay que manejar un lenguaje apto para la edad de cada hijo, de forma que ellos comprendan lo que deben hacer.

Pocas normas al mismo tiempo: para los más pequeños, es necesario impartir una o máximo dos órdenes a la vez. Algunas veces las mamás parecen recitando un poema de tantas exigencias que hacen en una sola frase. La capacidad de los niños, aún no permite digerir todas ellas juntas, por eso se debe enfocar las más importantes.

Establecer límites: horarios de estudio, de descanso y de entretenimiento. Por ejemplo: el tiempo para los videojuegos será de una hora después de hacer los deberes. Terminado ese periodo de tiempo, el juego debe terminar. En el caso de los adolescentes, los padres deben establecer una hora de llegada a casa y exigir su cumplimiento.

Tono de vos: no debe parecer rogando o pidiendo un favor, pero tampoco gritos o exclamaciones violentas. La clave es un tono que denote seguridad y firmeza por parte de los padres.

Contacto visual: siempre que quiera establecer una comunicación directa con sus hijos, mírelos a los ojos fijamente y acomódese a su estatura. De esta forma hay mayor incidencia y se establecen códigos directos que permiten una mejor conexión.

Coherencia de los padres: entre lo que se dice y lo que se hace. Los hijos están en permanente observación de sus padres y captan de inmediato cuando algo falla en ellos.

Cumplir lo que se dice: si amenaza con un castigo y no lo cumple, los hijos no lo seguirán respetando porque saben que sus padres tarde o temprano levantarán la penalidad. Si le dice a su hijo que no puede ver televisión, manténgase en su posición así se presenten lloriqueos y pataletas. Si se comete el error de levantar el castigo, el hijo sabrá que con esa actitud logrará desequilibrar al padre y quebrantar la promesa.

Un punto intermedio: ambos extremos, autoritarismo y permisividad, no son para nada recomendables. En el primero, se presentarán fatales consecuencias como anular la personalidad del hijo, se le dificultará tomar decisiones propias, se volverá una persona sumisa, sin autodominio ni determinación y peor todavía, sentirá temor de sus padres.

¿Hijos desobedientes?: Revisa tu autoridad
Como hemos mencionado, cuando los hijos no obedecen es porque algo está fallando en la autoridad de los padres, veamos por qué:

Las órdenes son confusas.
El no cumplimiento de las normas del hogar no llevan a ninguna consecuencia, entonces no tienen sentido su cumplimiento.
Es fácil quebrantar la norma, pues los padres son laxos y terminan cediendo.
Los padres han perdido toda su autoridad frente a los hijos, pues son estos últimos quienes disponen y deciden qué hacer.

Se han presentado situaciones difíciles en la familia (separación de los esposos, muerte cercana, enfermedades, etc.) que hacen bajar la guardia a la autoridad.

domingo, 1 de diciembre de 2013

“Educar en valores es la gran herencia que podemos dejar a nuestros hijos”

“Educar en valores es la gran herencia que podemos dejar a nuestros hijos”
Laura Peraita - ABC, 29 de noviembre 2013.
Pedro Núñez Morgades, presidente del Consejo Asesor de la Fundación Legálitas, asegura que no somos conscientes de la trascendencia de una buena educación.

¿Cree que las familias están lo suficientemente comprometidas con la protección de sus hijos en las redes sociales?
No somos conscientes de la trascendencia que la educación tiene para nuestros hijos. Para protegerles hay que transmitirles valores como la responsabilidad, el respeto, la empatía, la asertividad, saber decir que no al grupo, el esfuerzo... La educación en valores es la gran herencia que podemos dejar a nuestros hijos. No nos damos cuenta de que más vale prevenir que curar. Deberíamos educarles todos: padres, profesores y también abuelos, que hemos pasado de ser meros canguros a educadores. La educación es la clave y con ella nos ahorraríamos muchos disgustos.

Si es la clave, ¿por qué no se centran en estos valores los padres?
Nos encontramos en un momento históricamente nuevo porque las nuevas generaciones saben más que sus padres en temas como las nuevas tecnologías y no nos debe dar vergüenza decir a nuestros hijos “vamos a navegar juntos y enséñame lo que no sé”. De todas formas, todos insistimos en la necesidad de educar a nuestros hijos, pero creo que no lo hacemos con la suficiente contundencia. La teoría es muy fácil decirla, pero en muchas ocasiones hace falta que los padres refresquen ciertos conocimientos y, si lo que queremos es proteger a los menores de las redes sociales, primero hay que aprender, no su uso ni su práctica, más bien sus riesgos. Además, muchas veces los padres cierran los ojos a este respecto. Deben ponerse al día porque la gran mayoría piensa que es función de los educadores, que también, pero no hay que delegar en ellos toda la educación de nuestros hijos.

¿Es una buena opción acudir a las escuelas de padres?
Sí, efectivamente. Pero deben acudir los dos porque en el 90% de los casos las madres van solas. Desgraciadamente vivimos aún en un sistema matrialcal y los padres no comparten su parte de responsabilidad en la pareja como padres. Cuando llegan a casa dicen a su mujer ¿te ayudo? si ven, por ejemplo, que está bañado a los niños. ¿Cómo que te ayudo? No asumen que es su responsabilidad también. Yo no veo un avance elocuente en este asunto. Es una lástima que aún las mujeres se sienten responsables de todas las tareas y, si la familia fracasa, la mujer piensa que es por su culpa. Eso es tremendo.

¿Cómo cree que se puede cambiar este panorama?
Las mujeres deben plantarse ante la pareja. Deben decirle que no aceptan un ¿te ayudo? porque las tareas son igualmente comunes.


martes, 15 de octubre de 2013

LOS MIEDOS, COMO SUPERARLOS


LOS MIEDOS, COMO SUPERARLOS
Lafamilia. Info

Sentir temor de forma moderada es algo natural, sin embargo, cuando ese miedo se vuelve incontrolable y empieza a afectar a la persona más de lo normal, es cuando surge el verdadero conflicto.
El miedo es el sentimiento que surge como respuesta a un peligro o amenaza, real o imaginario. Es un mecanismo de defensa, es la expresión de nuestra dificultad para lograr la armonía entre lo que somos y lo que queremos ser.

¿Por qué surgen los miedos?
Numerosas investigaciones demuestran que el ser humano nace libre de miedos, pues él los aprende a lo largo de la vida. ¿Y de qué o quién los aprende? Del entorno en donde se desarrolla la persona, de los padres, demás familiares, de la educación, y de la sociedad en general. Por ende, la educación cumple un papel determinante en la transmisión y/o percepción de los medios, pues como vemos, algunos de éstos son transmitidos.
Sin embargo, hay varios orígenes de los miedos. Otros por ejemplo, surgen a partir de situaciones traumáticas, trastornos, vivencias pasadas, las cuales dejan secuelas en la vida de las personas provocando inseguridad, falta de confianza en sí mismo y baja autoestima.
En última instancia, existen otros miedos propios del carácter y la personalidad, que están arraigados a la forma de ser.

Tipos de miedos
No todos los miedos son iguales, hay varios tipos y de acuerdo con eso, diferentes tratamientos:
Miedo y ansiedad: existe una diferencia entre el miedo y la ansiedad. 
El primero se refiere a sentimientos de temor sobre peligros de carácter tangible del mundo exterior, mientras que la segunda se relaciona con sentimientos de temor difíciles de vincular a fuentes tangibles de estimulación; sus orígenes son inciertos. 
La ansiedad se siente siempre y cuando las respuestas producidas ante una señal de peligro sean ineficaces, y se mezcla a menudo con el miedo. A la ansiedad se le ha llegado a llamar "miedo sin objeto".
Los agudos: son provocados por estímulos o situaciones tangibles y que se disipan con facilidad cuando se retira o evita el estímulo que los ha originado. Por ejemplo, miedo a algún animal, a las alturas, al odontólogo.
Los neuróticos: son los que bloquean nuestras capacidades. Estos miedos neuróticos nos paralizan y nos impiden dar la respuesta adecuada para superarlos. Son miedos internos, propios.
Los crónicos o fobias: son más complejos y pueden estar o no ligados a un origen tangible que los provoque. Las fobias son miedos desproporcionados que requieren ser tratadas por un profesional especialista en el tema.

Miedos más frecuentes:
Son muchos, sin embargo, analizaremos los cuatro más relevantes:
◦Miedo al rechazo social: es el temor a no sentirnos aceptados y amados por los que nos rodean por el hecho de mostrarnos ante ellos como seres limitados y con frecuencia incongruentes.
Este miedo viene principalmente de: situaciones pasadas de la infancia, cuando fuimos rechazados y humillados; la angustia existencial que vivimos todas las personas en algún momento; el temor a ser rechazados en el futuro y el temor a no dar la talla de los que los demás esperan de nosotros.
◦Miedo al cambio: miedos a los cambios producidos en nosotros, en las personas que nos rodean o a las áreas que más nos afectan, como el trabajo, la familia, etc. Tenemos miedo a presentarnos ante los demás como somos, con nuestros aciertos y fracasos. Miedo a que los demás no se adapten a nuestra forma de ser.
◦Miedo a la soledad: es uno de los miedos más universales. Muchas veces nos refugiamos en el primero que llega para escapar de nuestra soledad, cayendo así en una relación de apego y no de amor.
◦Miedo al mal, al sufrimiento y a las pérdidas: guerras, violencia, terrorismo, hambre, catástrofes naturales, desempleo, muerte, carencia de salud, conflictos…

¿Cómo superar el miedo?
Hay que ir poco a poco, para superar el miedo se necesita un proceso que requiere voluntad y firmeza. Algunos psicólogos aseguran que la mejor manera de superar los miedos es irse exponiendo a ellos poco a poco. Sin embargo, antes de hacer esta exposición, deberá seguir las siguientes indicaciones:
Para empezar a trabajar el miedo, lo primero que debe hacer es reconocer y aceptar que tiene miedo. Aunque suene fácil, es este primer paso el que obstaculiza su superación.

Segundo, deberá auto-examinarse para identificar a qué le teme, encontrar la causa. Una vez identificada, determine qué puede hacer, cambiar o eliminar en su vida para afrontar ese miedo.
También, tendrá que fortalecer varios aspectos de la personalidad que en varias ocasiones son las que impiden el destierro del miedo como, la auto-estima, la seguridad y confianza en sí mismo. Es importante además que la persona esté en plena disposición de cambiar esa atadura que le provoca el miedo, que se convenza de que es capaz y se fortalezca espiritualmente para lograrlo.


martes, 24 de septiembre de 2013

¿QUE HAY DETRÁS DE DESORDEN DE LOS HIJOS?

¿Qué hay detrás del desorden en los hijos?
LaFamilia.info
Algunos son ordenados por naturaleza, mientras que para otros ésa es su batalla diaria. Detrás del desorden se esconden algunas causas, lo interesante es que cuando las personas identifican el “porqué” de su comportamiento, les resulta más fácil corregir esta debilidad. Los especialistas afirman que generalmente, hay otras situaciones que pueden disfrazar la incapacidad para conservar el orden, como las que se describen a continuación.
Inseguridad. En algunos casos puede haber dependencia o apego a las cosas materiales, pues de cierta forma, las pertenencias pueden proporcionar seguridad. Por lo tanto, deshacerse de ellas, genera temor y ansiedad. Surge entonces la acumulación y así el desorden. Una situación de esta índole, puede llegar a convertirse en un tropiezo en la vida de la persona y en su convivencia con los demás.
Demasiada perfección. El deseo de hacer todo perfecto, se convierte en el principal obstáculo a la hora de ordenar, pues nunca quedará tan bien como se desea, eligiendo así posponer la tarea de ordenar antes de hacerla “medio bien”.
Dejarlo todo para después: procrastinar. “Otro día lo hago”, “hoy no puedo”… Procrastinar es sinónimo de diferir, posponer o aplazar. Dejar todo para después, es una de las causas más comunes del desorden, y por lo general ocurre a causa de la pereza, negligencia, o dificultad para manejar el tiempo y establecer prioridades.
El problema radica en que se convierte en costumbre el no hacer a tiempo los pendientes, afectando así la efectividad y el buen desempeño.
Precaución: “guardar para después”. Este tipo de personas les gusta guardar pues consideran que en algún momento las cosas les serán de utilidad. Por consiguiente no desechan, ni regalan nada, formando así pilas de papeles, de ropa o de cosas, la mayoría inservibles.
“Sentimental”. Este tipo de personas guarda porque cada pieza tiene un significado especial y por eso evita desechar. Guarda cierta relación con la inseguridad y el apego, pero esta vez hay un sentimiento de afecto o recuerdo, que la persona no quiere dejar atrás. También son personas que le temen al cambio y se les dificulta “pasar la página” de una relación o situación porque viven de los recuerdos.

Consejos para ser más organizados
Una vez se ha identificado la causa, lo ideal es ejercer un plan de acción para mejorar en este aspecto. Priorizar. Para ser ordenados con el tiempo y las actividades, hay que tener claridad sobre su importancia, por eso anotarlas brinda esa claridad que evita empezar varias tareas sin culminar ninguna y brinda un punto de partida para saber por dónde comenzar.
Una sola cosa a la vez. Así se tendrá plena concentración en la tarea y se podrá concluir con éxito.
No dejar para mañana lo que se puede hacer hoy. No aplazar las cosas es el primer paso para ser ordenados.
Practicidad. Si el desorden se ha vuelto la “piedra en el zapato”, entonces hay que procurar por hacer todo más sencillo y práctico. Por lo general cuando las personas tienen varias opciones y sitios donde almacenar y depositar cosas, se vuelven más ordenados. La idea es facilitar la vida para que las cosas permanezcan en el lugar que deben.
Desechar. Es una regla para conservar el orden.
Ponerse metas para cumplirlas. Es mejor pocas metas pero alcanzables. Por ejemplo, proponerse arreglar una parte del closet un día y en otra ocasión el resto. Lo importante es comenzar.
La pereza es la madre de todos los vicios. Derribar la pereza es la mejor forma de fortalecer el carácter y progresar en la vida. El orden requiere voluntad y esfuerzo, pero una vez se logra, nace el deseo de conservarlo y no volver atrás.

martes, 27 de agosto de 2013

EL EGOISMO EN LOS NIÑOS ¿COMO MANEJARLO?

EL EGOISMO EN LOS NIÑOS ¿COMO MANEJARLO?
Fuente: Lafamilia.info

La niñez es la etapa donde más actos egoístas se suelen presentar, pues es un rasgo que hace parte del desarrollo de la personalidad. Por esta razón, desde muy temprano los padres deben atender este llamado, y así evitar que un aspecto característico de la edad, se convierta en hábito, lo cual podría tener repercusiones en etapas posteriores.
Alrededor del primer y sexto año de vida, los niños tienden al egoísmo con facilidad. Alfonso Aguiló explica que en estas edades quieren ser los reyes de la casa y capturar todas las miradas: “Una criatura de pocos años parece que todo lo ansía para sí, acumula los juguetes, quizá no repara en que a otros nada les llegue. Pasa por un etapa de acusado egocentrismo infantil en la que gusta considerarse el centro de todo, que se hable de él, llamar la atención...; como Currita Albornoz en aquella novela de Coloma: si asiste a una boda, quiere ser la novia; si a un bautizo, el recién nacido; si a un entierro, el muerto.” Señala el autor de numerosos libros y artículos de educación familiar.
Por eso es tan importante que los padres actúen a tiempo y logren que sus hijos descubran la satisfacción que la generosidad encierra, y reflexionen sobre el desconcierto que queda cuando alguien se comporta de forma egoísta.
CONSEJOS PRÁCTICOS
Las siguientes son ideas que ayudan a los niños a superar el egoísmo. La paciencia, la constancia y el amor que los padres le pongan a este propósito, serán claves para conseguir el éxito.
No forzar a los menores de tres años a compartir.
Es importante iniciar a tempranas edades, pero antes de los 3 años lo indicado es invitarlos a compartir sin forzarlos, pues aún no tienen total comprensión del concepto. Una forma de ir creando conciencia en ellos, es por ejemplo, cuando al visitar otras casas o al recibir visitas en la propia, se le da un bombón para él y otro para su invitado, así estarán en igualdad de condiciones y le será más fácil compartir. Son primeros pasos que darán frutos más adelante.
Seguir un proceso. La psicóloga y profesora en educación infantil, Virginia González expone en un escrito los pasos que se deben ir logrando a medida que los niños crecen como parte de un proceso. Ella explica que “lo primero es ayudarle a distinguir entre lo suyo y lo que no lo es, marcando, por ejemplo, sus cosas con una señal y haciéndole ver también que hay cosas que son de todos y que hay que cuidarlas y dejarlas en su sitio cuando se terminen de usar. El siguiente paso sería enseñarle a intercambiar sus juguetes, que acepte prestar la pelota a cambio del cubo y la pala. Por último, aprenderá a regalar: haciéndole ver que dicha acción hace sentir mejor a los demás, interiorizará la grandeza de ser generoso y, lo más importante, a disfrutar con ello.”
No siempre de primero. Hay que enseñarle a que espere su turno y tolere el hecho de que hay niños que estarán primero que él. Por ejemplo las fiestas de cumpleaños son una magnífica ocasión para enseñarles a compartir, ya sea porque son los homenajeados o los invitados.
Nunca reforzar la conducta egoísta. La autoridad y la firmeza de los padres son determinantes para evitar ceder cuando hacen pataletas por no querer compartir. Es un error declinar en estas situaciones. A largo plazo el más perjudicado será el niño.
Elogiarlo cuando comparta sus cosas. Para los pequeños es muy importante el elogio de sus padres. Esto refuerza el acto positivo (generosidad) y ayuda a erradicar el negativo (egoísmo). Pero tampoco conviene hacer demasiada “fiesta”, no hay que exagerarse en las ponderaciones, pues de esta manera el niño no lo hará por la virtud como tal, sino por ganarse los aplausos de los papás.
Compartir con alegría, como dice la canción. Cuando otro niño se antoje de alguna de sus pertenencias, hay que invitarle a ceder y negociar, pueden turnarse, intercambiar por espacios de tiempo, y así evitar que se forme un drama.
Los libros como medio de enseñanza. Se puede sacar provecho al gusto que tienen niños por la lectura y elegir historias que destaquen valores como la amistad, generosidad y solidaridad. Seguramente les quedará sonando las enseñanzas de los cuentos y las aplicarán en los momentos oportunos.
Que nos vean compartir. Los adultos deben demostrar que compartir conlleva múltiples beneficios, a diferencia del egoísmo que trunca el camino de la felicidad.

jueves, 15 de agosto de 2013

El poder de las palabras y su impacto en las relaciones

El poder de las palabras y su impacto en las relaciones
Fuente: La Familia.info
 
Las palabras son el reflejo de los pensamientos y sentimientos, y tienen un poder enorme, tanto para agradar como para herir a otros. La mayoría de las veces no medimos realmente el impacto que puede tener una palabra.
Decimos cosas sin pensar, no nos damos cuenta de lo que decimos y mucho menos de las consecuencias que se generan a partir de una palabra o expresión negativa. Con las palabras podemos lastimar y ofender a los demás, afectando así las relaciones, el bienestar y la convivencia.
 
Pensar antes de hablar
En medio de las discusiones donde los interlocutores están alterados, suelen ser los momentos donde más palabras desacertadas se emiten. ¿Por qué? La respuesta está en una emoción que muchas veces nos “pasa factura”; el enfado. Los estudios señalan que este sentimiento genera fuertes cambios en el sistema nervioso autónomo, los cuales se ven reflejados en los actos y las palabras.
Leonardo Palacios, neurólogo y decano de la Facultad de Medicina de la Universidad del Rosario, explica en un artículo publicado por El Tiempo, que toda expresión hablada, sea positiva o negativa, produce una descarga emocional desde el cerebro: “Una palabra negativa o insultante activa la amígdala, estructura del cerebro vinculada a las alertas, y genera una sensación de malestar, ansiedad o ira. Y es ahí cuando la persona tiene dos posibilidades: responder de una manera similar (incluso con una agresión física) o actuar con indiferencia, acudiendo a la razón.”
Por eso, para evitar que las palabras sean “armas” destructivas, hay que hacerlas conscientes, dominar la ira, desarrollar el autocontrol y ser emocionalmente inteligentes.
 
No es lo que se dice, sino “cómo” se dice
No se trata de reprimir los sentimientos ni dejar de expresar las opiniones. Todo se puede decir bajo los términos del respeto, siempre con un trato amable, amoroso y tranquilo. Lo que determina que una crítica sea constructiva o destructiva, es el “cómo”.
El tono de voz, las palabras que se utilizan y los gestos que las acompañan, son determinantes para que un mensaje sea empoderador y bien recibido por el otro; o de lo contrario, se convierta en un foco de discusión y disgustos.
En este aspecto también es importante ser acertados, es decir saber identificar los momentos más oportunos para entablar una plática. Por ejemplo cuando una persona está muy alterada, no es conveniente que se produzca una conversación, en este caso es mejor el silencio que la palabra. Cuando el enojo desaparezca y se retome la calma, entonces será oportuno hablar.
 
Tácticas para evitar ofender con las palabras
Al corregir a los hijos; al expresar un desacuerdo al cónyuge; al pedir una aclaración a un compañero de trabajo, jefe o empleado; a los transeúntes mientras se conduce; al hacer un reclamo en una tienda o restaurante… En múltiples situaciones de la vida diaria se pone a prueba el poder de las palabras. Algunas sugerencias para evitar ofender a otros.
  • En un momento de ira, si siente que no se puede controlar, abandone la comunicación y trate de calmarse. No es el momento para hablar.
  • “Lo que has de decir, antes de decirlo a otro, dítelo a ti mismo” (Séneca). Esta frase brinda una efectiva estrategia para evitar expresar palabras desacertadas.
  • Las emociones se pueden manejar, la mente en este caso es la que manda. Respire profundo y recobre la razón.
  • “No hagas lo que no te gusta que te hagan”. Es un principio de vida y aplica perfectamente en este propósito.
  • Las palabras tienen poder en el subconsciente y pueden terminar convirtiéndose en realidad. Por eso, erradique las palabras negativas y mejor ocupe la mente en pensamientos positivos, pues proporcionan un estado mental tranquilo que ayuda a desvanecer la ira, la depresión, el mal genio y la irritabilidad.
  • Elimine la autocrítica y la crítica a los demás. También los juicios.
  • Ejercite la escucha, muchas veces es más efectiva que el habla.
“Las palabras amables no cuestan nada, pero valen mucho”. Busquemos siempre construir al hablar y no destruir